
La Identidad y la Búsqueda de lo Esencial
Identidad, Conflicto y la Raíz del Problema
A lo largo de la historia, la identidad ha sido un motor de conflictos, muertes y combates. Este tema sigue siendo un gran “temazo” actual, visible en las fricciones de raza, color de piel, género, religión, patria o familia. El conflicto se expresa en la eterna danza de “unos contra otros” y en el juego de espejos de “tú eres, dejas de ser, yo soy o dejo de ser”. El verdadero problema subyace en la falta de claridad sobre lo que es, en realidad, la identidad.
La palabra identidad proviene de idéntico. Sin embargo, solemos presentarla como aquello que nos distingue, cuando en verdad la identidad auténtica es lo que nos une. La verdadera identidad es la que existe por sí misma, la que está en todo y en todos. Lo verdaderamente idéntico es el Ser, la raíz común, el pulso que late en cada forma de vida: humanos, animales, plantas y el planeta. Es lo esencial de todo lo que existe.
La Identificación: El Gesto Añadido del Ego
La identificación es un acto añadido, un gesto del ego que lo sostiene y lo alimenta. Según con qué se identifique cada uno, así se moverá en el mundo. Quien se aferra a una religión, una bandera o un título, inevitablemente crea la figura del “otro” y, con ella, la separación.
De aquí surgen dos conceptos reveladores: completarse y complementarse.
- Completo es aquello que ya es pleno en sí mismo.
- Complemento es lo que se añade, lo accesorio.
Cuando uno olvida que ya es completo, busca llenarse con complementos: el maquillaje, el último teléfono, los títulos, las etiquetas o las posesiones. El carácter es un complemento que se apoya en otros (creencias, valores, costumbres) que, a veces, son solo reflejos de nuestras propias neurosis. El complemento es ego, y la identificación con lo no esencial, más ego todavía.
El Sufrimiento como Señal y el Camino del Yoga
El ego tiene su función, pero si se desea evolucionar, la vida acaba mostrando que no todo se sostiene sobre él. El sufrimiento es la señal. Cuando algo nos duele, nos atrapa o nos quita la paz, es hora de mirar adentro y preguntarse la razón.
En la enseñanza del yoga, todo lo innecesario es un estorbo. Cuanto más satisfecho se está con lo que uno ya es, menos se necesitan los complementos. El yoga apunta hacia lo completo, hacia la unión con lo esencial. Cuanto más lejos se está de la verdadera identidad, más necesidad se tiene de identificaciones. A veces es útil apoyarse en ellas, pero si llegado el momento no se sueltan, uno se queda atrapado en su propio lazo.
En todo ritual hay un sacrificio. Lo que debe sacrificarse es el “animal”, símbolo del complemento (lo accesorio).
El camino propuesto es claro: atender y meditar sobre los propios enganches, porque meditar es atender. Cuando se añade la autopercepción esencial —la meditación auténtica—, uno comienza a reencontrarse con lo esencial y a dar prioridad a los valores profundos. Al elegir la bondad, la justicia y el amor verdadero, las cosas superfluas se van cayendo por sí solas.
La clave está en seguir caminando hacia lo esencial, buscando lo completo, la verdadera identidad. Apoyarse en los arquetipos y en los valores profundos. Si se hace esto, lo secundario se desprenderá naturalmente, como las hojas que el otoño deja caer.
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