¿Y yo, dónde estoy?

He rescatado este texto de hace unos años porque me parece que sigue muy pero que muy vigente, acomodándolo un poco a mi sentir actual…

Algunas de las fotos con las que ilustro las publicaciones las cojo de un banco de imágenes gratuitas, y me ha resultado muy curioso que buscando por diferentes temas como Navidad, Nacimiento, Belén, Niño Jesús,… las imágenes que me aparecían poco tenían que ver con la esencia de este post… así que ya ha empezado lo que quiero compartir de una manera, vamos a decir, que peculiar. Me ha costado muchísimo el poder encontrar la foto que me hubiera gustado, así que me he adaptado…

De unos años a esta parte percibo un afán por desprestigiar la Navidad… a veces consciente, pero infinidad de veces más es un afán inconsciente, dando valor a lo de los demás, que si cuanta hipocresía, que si qué tristeza, que si cuánto consumismo… El mundo está lleno de calamidades, y hay miles de personas pasando por situaciones terribles, pero no está en mi mano el solucionarlo, hago lo que está a mi alcance y llego hasta donde llego…
La Vida me ha enseñado que querer no siempre es poder, lo que sí puedo hacer es intentar iluminar un poquito mi alrededor, y ser como los círculos que hace una gota cuando cae al agua… intentar iluminar mi entorno más cercano y a su vez cada persona que tenga cerca que haga lo mismo a su alrededor… Así, haremos un poquito mejor la vida en el mundo… y esa Luz proviene del Niño !!

Cada uno estaría bien que pensara en dónde se encuentra…

La hipocresía para los hipócritas, la tristeza para los tristes, el consumismo para los consumistas… y yo dónde estoy? Me tendría que dar igual lo que hacen los demás.
Independientemente de las creencias de cada uno, ya que todas son igual de válidas, se podría aprovechar estas fechas para rescatar al Niño que cada día del año nace en lo más íntimo de nosotros mismos y que si no nos paramos todos los días del año a estar un ratito con Él, a reconocerlo, a mimarlo, a Amarlo… al menos que estas fechas nos sirvan como recordatorio para prestarle un poquito más de atención. Momento ideal para re-conocer y re-acoger al Niño en la cueva de nuestro corazón.

Simplemente celebro que estoy viva y todo lo demás son circunstancias que me toca vivir… sólo circunstancias !! Más o menos agradables… y os aseguro que algunas de las mías, me gustaría que fuesen de otra manera, pero son las que son y no me puedo refugiar en ellas para no dar la oportunidad al Niño, a que salga, a que se manifieste… ya que Soy Vida !! Y todo lo demás, pasará cuando tenga que pasar, cuando saque el aprendizaje que llevan implícitas esas circunstancias, a pesar de que muchas veces no vea tres en un burro… cuando le apapacho al Niño me siento plena de Alegría y a lo demás intento restarle importancia… lo demás pasará… todo pasará…

Son unos días en que cada cual celebra algo distinto, unos el solsticio de invierno, otros el nacimiento de Jesús, otros unos días de vacaciones, otros el reunirse con los seres queridos, amistades y familiares que el resto del año no se ven, otros compartir regalos, otros todo lo anterior todo junto… da igual el motivo que tengamos, lo importante es vivir lo que vivamos con Presencia, dándonos cuenta de lo que estamos sintiendo y poner al Servicio de los demás lo mejor de nosotros y de esa manera estaremos compartiendo y aportando la Luz que habita en nuestro corazón.

Dicho todo ésto que cada uno la viva como le apetezca, le salga, pueda o le dé la gana… Por supuesto !!!

Preguntas reflexivas

  • ¿Desde qué lugar estoy viviendo estas fechas: reacción o elección?

  • ¿Qué parte de mí pide ser reconocida y acogida ahora?

  • ¿Cuánta energía dedico a juzgar lo externo y cuánta a cuidar lo interno?

  • ¿Dónde puedo ser hoy una pequeña luz real y concreta?

  • ¿Qué circunstancias estoy usando como excusa para no abrir el corazón?

  • ¿Cómo cambia mi vivencia cuando suelto la comparación con los demás?

  • ¿Qué significa para mí “celebrar” más allá del calendario?

  • ¿Estoy presente en lo que vivo o solo cumpliendo expectativas?

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Miedo y amor no caben juntos en el corazón. Cuando me abrazo, me respeto y me cuido, todo mi mundo cambia. No busco afuera lo que ya habita dentro: mi cuerpo, mi alma, mi vida… son mi templo sagrado.

La diferencia entre lo posible y lo imposible no está fuera, sino en tu fuerza de voluntad: esa energía silenciosa que convierte ideas en acciones y sueños en realidad. Cada pequeño gesto es un acto de elección consciente, y desde ahí transformamos lo inalcanzable en parte de nuestra vida.

En el camino del crecimiento humano, la sobreinformación puede abrumarnos, pero el verdadero aprendizaje surge de mirar hacia dentro. Leer y aprender de otros es útil, pero solo la introspección, la práctica y la experiencia nos llevan a convertir conocimiento en sabiduría. La clave está en bajar la teoría a tierra y hacerla nuestra, con presencia y consciencia.

La verdadera Meta no es solo un objetivo, sino la unión consciente con nuestro Ser. Alcanzarla requiere disciplina, coraje y entusiasmo genuino, y nos permite triunfar desde la calma y el Amor, beneficiando también a los demás. Cada experiencia de la vida nos guía, nos pule y nos acerca a nuestra esencia más auténtica.

Preguntarse si somos la mejor persona posible nos invita a conocernos a fondo. Comprender nuestra “máscara” y el papel de los cuerpos físico, emocional y mental es clave. Al observarnos desde dentro recuperamos nuestro poder y podemos transformarnos. Con reflexión diaria, avanzamos paso a paso hacia nuestra mejor versión.

Vivimos midiendo el valor de las cosas solo por su precio, sin ver el coste real que implican en nuestra salud, energía o conciencia. Muchas veces lo barato nos sale carísimo si nos adormece, intoxica o distrae de lo esencial. Elegir con conciencia es un acto de libertad. Preguntarnos por el verdadero coste de lo que consumimos nos acerca a una vida más plena y soberana.

El camino del Corazón es una invitación a mirar hacia dentro, a reconocer el latido que guía nuestras decisiones más auténticas. No se trata de buscar fuera, sino de atrevernos a escuchar lo que anhela nuestra esencia. Seguir ese latido requiere voluntad, coraje y la pausa necesaria para sentir. Al hacerlo, cambia la forma en que vivimos, aprendemos y compartimos nuestra vida.

La gratitud transforma la forma en que vivimos: no es solo dar gracias por lo agradable, sino también por lo difícil, porque todo lo que ocurre es parte de nuestro camino. Agradecer nos ancla al presente, disuelve los “y si…” y eleva nuestra vibración. Desde el primer instante del día hasta el último, convierte lo cotidiano en un milagro. Un simple “gracias” basta para abrir la puerta a lo bueno.

Confiar es comprender que la vida es un camino de aprendizaje y que todo sucede como debe ser para nuestra evolución. Al aceptar esto, el miedo y la ansiedad se disuelven y desaparecen los “y si…”. Confiar no es resignarse, sino saber que incluso lo inesperado tiene un propósito. Cultivar la confianza implica volver al interior y recordar que, en el fondo, todo está bien.

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