Cuando uno intenta dejar atrás un hábito o una adicción, lo que aparece no es solo la abstinencia o la incomodidad. Aparece un movimiento interno profundo. Porque dejar una conducta que te anestesiaba implica mirarte sin filtros, sin huidas y sin decorados.
Desde esta perspectiva, la segunda parte del camino consiste en algo más que “controlar un impulso”: se trata de ordenar y dirigir tu mundo interno para poder vivir de otro modo.
Asumir la responsabilidad sin culpa:
La responsabilidad es un acto de presencia, sin castigo, sin culpa.
Es acción dirigida hacia un sentido determinado, el que tú decidas darle.
Es decidir dejar de ser disfuncional, conducido y dirigido por conductas que no quieres mantener.
Es decirte a ti mismo: “Esto que hago, lo hago yo. Y también yo puedo dejar de hacerlo.”
Habitar el vacío sin anestesias:
Inevitablemente, al dejar el hábito/adicción aparecerá un vacío, que hay que sostener.
Es un hueco que antes estaba tapado por consumo, ruido, compulsión o automatismos.
El vacío puede ser fértil, si tienes el coraje de quedarte ahí, de habitarlo, de no huir.
Mirar de frente la necesidad real que el hábito escondía:
¿Cuál es la necesidad genuina que la conducta cubría?
Soledad, conexión, sentido de vida, refugio….
Poder nombrar esa necesidad es el comienzo de un camino más honesto contigo mismo.
Recuperar la frontera-contacto:
Es el límite donde tú, el otro y el mundo se encuentran.
Es el espacio donde decides qué permites, qué cuidas, qué dejas entrar y qué mantienes fuera.
¿En qué momentos sacrificas tu límite por miedo, por hábito, por inercia?
Recuperar esta frontera es volver a ti.
Agresividad sana como energía para el cambio:
A buen seguro, tienes gran cantidad de rabia y agresividad acumulada a causa de tus hábitos/adicciones.
Cuando la transformas en dirección, en acción, en propósito, se convierte en una fuerza creativa capaz de mover tu vida hacia un lugar más verdadero.
Formas de nutrirte (en lugar del hábito/adicción):
El autocuidado se hace fundamental en este punto.
El cambio necesita alimento.
Y ese alimento no es metafórico: es descanso, es alimentación adecuada, es actividad física, es silencio, es encuentro humano, es orden y ritmo.
Sostener nuevos hábitos de autocuidado permite que la vida que quieres construir tenga raíces.
Una mirada existencial:
Tarde o temprano surge la pregunta: ¿Para qué vivir distinto?
Encontrar un propósito aportará sentido, dirección y estructura a tu vida, cimentando tu poder personal y afianzando tu voluntad. Nadie puede dártelo hecho.
Puedes inspirarte en otros, sí, pero tu propósito no puede delegarse: es la brújula que marca un norte fiable al que dirigirte.
Por último:
Al final, no se trata de vencer un hábito.
Se trata de volver a ti.
Es escuchar de nuevo tu propia voz, aunque tiemble.
Lo que dejas atrás es solo el síntoma.
Y ahí apareces tú. Y la vida te reconoce.

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