“La felicidad es un subproducto de la responsabilidad, al igual que el serrín lo es de serrar la madera.”
Se podría inferir que es un efecto secundario de vivir de una determinada manera: si dirigimos nuestra vida con responsabilidad, se destilarán felicidad, satisfacción y bienestar.
Felicidad y alegría
Esto no debe confundirse con la alegría, que como emoción es eventual, intensa y de duración limitada.
En cambio, la felicidad puede coexistir con diferentes estados de ánimo y debe ser entendida como una construcción activa y una elección consciente.
La responsabilidad de ser feliz
Ser feliz conlleva una tremenda responsabilidad.
En primer lugar, porque debo asumir que soy el único y absoluto responsable de dar sentido y forma a mi vida, y que solo yo puedo llevar a cabo esta tarea.
El desafío existencial
¿Por qué es necesario ser responsable para ser feliz?
Porque implica afrontar una labor compleja:
- Construir en mí la certeza de mi propia finitud.
- Reconocer que estoy sujeto a infinidad de contingencias fuera de mi control.
- Aceptar que cargo con la memoria de mis heridas y pérdidas.
- Comprender que aunque logre algo extraordinario, no lo podré compartir con los seres queridos que ya no están.
- Asumir que necesito vincularme y que en ese vínculo siempre corro riesgos.
- Saber que siempre habrá ausencias, situaciones sin solución y daños que me acompañen.
Y, aun así, transformar todo esto en terreno fértil para forjar una buena vida.
Una felicidad imperfecta
Se requiere coraje, consciencia y responsabilidad para construir ese mundo interno capaz de abrazar una felicidad imperfecta.
Esta es la única felicidad posible para el ser humano: un entramado de defectos, errores y desaciertos, junto con virtudes, consistencia, afectos y una notable capacidad de adaptación a la adversidad.
Aditya

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